Desde la comunidad de San Pablo el Grande, en Tenango de Doria, Samuel García ha construido una historia de perseverancia, identidad y orgullo por sus raíces a través del bordado artesanal. A sus 36 años, no solo ha logrado consolidar una marca propia, sino también abrir camino en un oficio tradicionalmente asociado a las mujeres, demostrando que el talento no tiene género.
Samuel recuerda que su acercamiento al bordado comenzó desde muy temprana edad. “Desde los seis años aprendí gracias a mi mamá, quien me heredó este conocimiento”, relata. Sin embargo, su camino no fue sencillo. En su infancia, tuvo que aprender a escondidas debido a los estigmas que existían en su entorno.
“Mi papá cuestionaba por qué me enseñaban a mí, siendo niño, algo que era para mujeres. Crecí con esa idea hasta que decidí romper con esa barrera”, comparte.
Ese momento de quiebre marcó el nacimiento de su identidad como artesano y creador. Bajo la marca Më M’onda, palabra que en otomí significa “mexicano”, Samuel comenzó a difundir su trabajo, apostando por una propuesta que fusiona tradición y diseño contemporáneo. “No me dio pena mostrar en redes sociales cómo bordaba. Fue ahí cuando sentí que abrí las alas y pude hacer lo que me gusta sin importar el qué dirán”, explica.

Para él, su labor va más allá de lo individual. Destaca que detrás de cada pieza existe el esfuerzo colectivo de artesanas y artesanos de su comunidad.
“Siempre lo he dicho: detrás de mí hay manos mágicas. Cada puntada lleva un pedacito de nosotros”, afirma. En ese sentido, su proyecto busca también revalorar el trabajo artesanal y garantizar una remuneración justa para quienes lo realizan.
La creación de su marca nació, en parte, de experiencias difíciles. Recuerda que, en alguna ocasión, junto a su madre, vendieron piezas a precios muy bajos. “Le dije a mi mamá que ese trabajo valía mucho más. Le prometí que un día lo íbamos a llevar a otro nivel y hoy lo estamos cumpliendo”, señala con orgullo.
Con el paso del tiempo, Samuel ha evolucionado en su técnica y en la complejidad de sus piezas. De bordar caminos de mesa y cojines, ahora incursiona en la alta costura, elaborando vestidos de noche, de quince años y de novia. Estos últimos representan uno de sus mayores retos.
“Bordar un vestido de novia es muy delicado. No puedes equivocarte, trabajo directamente con pluma sobre el raso. Y el velo es aún más complicado, porque la tela es más frágil y requiere una técnica distinta”, detalla.


Actualmente, su trabajo ha comenzado a trascender fronteras. Samuel se encuentra en proceso de selección para una exposición en España, impulsada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, donde solo 20 de 80 candidatos serán elegidos. Además, tiene prevista una exhibición en Nueva York, programada tentativamente para octubre, una vez que concluya los trámites de visa.
A pesar de haber estudiado la licenciatura en contaduría, reconoce que su verdadera vocación la encontró en el diseño de modas y el arte. “Tal vez otros compañeros tienen una mejor posición económica, pero yo me quedo con la satisfacción de compartir esto con mi familia y mi comunidad”, expresa.
Hoy, Samuel García no solo borda telas: teje historias, rompe estereotipos y posiciona el talento hidalguense en escenarios internacionales, con la firme convicción de que el valor de la artesanía comienza en reconocer la dignidad de quienes la crean.
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crs

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