Meza retoma del cuento la estructura del periplo urbano, pero la profundiza para exhibir la violencia estructural, el machismo y la arbitrariedad policiaca

Evocan a José Agustín en La mirada ahí donde duele  

Para el artista, la noche puede ser la inspiración para representar -o revelar- lo más oscuro del ser humano y La mirada, ahí donde duele, dirigida por Jaime Meza e inspirada en el cuento La mirada en el centro de José Agustín, se inscribe en esta premisa con una propuesta que revisita los años ochenta no desde la nostalgia, sino desde la herida. 

La obra sigue a dos hermanos artistas que emprenden un recorrido nocturno por una Ciudad de México vibrante y descarnada. En su tránsito —entre centros culturales, cantinas, barrios de raspa y encuentros con personajes al filo de la ilegalidad— se despliega la erosión de un vínculo fraternal marcado por silencios, culpas heredadas y un desencanto generacional que aún resuena.  

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Meza retoma del cuento la estructura del periplo urbano, pero la profundiza para exhibir la violencia estructural, el machismo y la arbitrariedad policiaca que definieron una época y que, como él mismo reconoce, “seguramente sigue pasando en nuestros días”. 

El personaje de Mayor concentra la tensión dramática. Contestatario, atormentado, incapaz de reconciliarse con el recuerdo de sus padres muertos, es guiado —o perseguido— por una presencia femenina enigmática: un ser espiritual, un eco de su propio deseo de poder y autodestrucción, o quizá una materialización de su culpa.  

“Es una mujer rara, no real, que maneja su mente y lo conduce a la violencia”, explica el dramaturgo. La puesta mantiene ese enigma hasta el final: no sabemos si lo que presenciamos es pesadilla, delirio o un acto brutal de la vida real. 

La escenografía apuesta por la sugerencia: tres practicables y un biombo bastan para construir ese México ochentero en seis cuadros que cambian de atmósfera más por la energía actoral que por el realismo. El director habla de una economía de elementos que privilegia lo simbólico y lo teatral por encima de la reconstrucción histórica. 

El elenco, integrado por jóvenes actores formados en instituciones como la UNAM, el CUT y la ENAT, asume varios personajes cada uno. No hay complacencias comerciales; hay oficio, rigor y una lectura comprometida de la problemática juvenil que José Agustín retrató con lucidez. 

Meza se identifica con esa preocupación generacional: “El ser joven era casi un delito”, recuerda. Y aunque los tiempos han cambiado, reconoce que los rezagos permanecen, que la inconformidad —silenciada o dormida— sigue buscando canales de expresión. 

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La mirada, ahí donde duele no es solamente un homenaje literario: es un llamado a la reflexión. Un viaje al pasado para interpelar el presente. Una obra que pregunta sin dar respuestas si la violencia que atraviesa nuestros vínculos es consecuencia de la historia, de la estructura o de nuestros propios fantasmas. 

La obra es apta para adolescentes y adultos y se presentará sábados 19 horas y domingos 18 horas de febrero en El Círculo Teatral.  

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