Según Marc Augé, la pérdida de identidad en el ser humano se vincula estrechamente con la proliferación de “no-lugares” en la sociedad contemporánea. En “Los no lugares”, Augé describe estos espacios impersonales y transitorios (aeropuertos, hoteles, redes sociales, plataformas digitales) donde las interacciones son efímeras, superficiales y desprovistas de historia o arraigo. En estos entornos, la identidad se diluye en la homogeneización, y el individuo se siente un “pasajero” anónimo, sin raíces ni pertenencia clara.
Augé advierte que los no-lugares no son inherentemente negativos, pero sí desafían la construcción de identidades arraigadas y significativas. En el ámbito digital, esto se traduce en una tensión entre la libertad de crear y la necesidad de pertenencia.
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Los nuevos medios digitales, como las redes sociales y las plataformas de interacción virtual, son el epítome de los no-lugares de Augé. En estos espacios, la identidad se construye y se performa de manera fragmentada y mutable. El usuario se presenta a través de avatares, perfiles y contenidos curados, lo que permite una autorrepresentación flexible, pero también superficial. La identidad se vuelve un producto a exhibir, un collage de likes, comentarios y conexiones, más que un relato coherente y arraigado en la experiencia vivida.
El anonimato y el desarraigo en las redes, logran que el individuo pueda adoptar múltiples identidades o enmascarar su “yo” real, lo que genera una sensación de libertad, pero también de desconexión.
Las interacciones efímeras generan conexiones rápidas, superficiales, sin la profundidad de los vínculos tradicionales. En ellas el “otro” es un contacto pasajero.
En los no lugares se crea un estándar de homogeneización donde los algoritmos y las dinámicas de viralidad reducen la diversidad, promoviendo una identidad “global” y estandarizada.
Una de las más sádicas características de estos conceptos están en la hipervisibilidad sin intimidad se provoca por la exposición constante en las redes lo que erosiona los límites entre lo público y lo privado, vaciando al sujeto de su interioridad.
Al combinar la reflexión interna con una gestión consciente de las influencias externas, puedes construir una identidad auténtica que se sienta sólida y arraigada, incluso en un mundo que cambia rápidamente y es ruidoso.
¿Cómo encontrar un “lugar” propio en el mundo digital? ¿Cómo construir una identidad auténtica en medio de la fluidez y la sobreexposición?
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