Mientras viajaba de Pachuca a la Ciudad de México iba observando los anuncios pintados en las paredes y hubo tres que me llamaron la atención.
¿Esquizofrenia? Internamiento, Marque a tal número, ¿Adicciones? Internamiento, Marque a tal número. Estos ya los había visto en otros momentos, en otras carreteras y ciudades, pero no el que decía ¿Autismo de difícil manejo? Marque a tal número.
En los últimos años el autismo ha cobrado relevancia en redes sociales, donde aparecen videos tanto de profesionales de la salud como de personas que viven con el o personas cuidadoras comparten sus experiencias sobre el autismo.
Algunas personas buscan informar, eliminar los estigmas y crear conciencia sobre los efectos del capacitismo en nuestras sociedades. Sin embargo también existen personas que hacen todo lo contrario e incluso se atreven a diagnosticar a otras en apenas un vídeo de medio minuto.
Al igual que la depresión, la ansiedad y la bipolaridad, la palabra autismo también se está incorporando en nuestro lenguaje para nombrar de forma equivocada situaciones y emociones que las personas atravesamos, desvirtuando todo lo que en realidad el autismo implica en la vida de las personas. Dentro de este panorama es que este anunció de repitió al menos unas 5 veces a lo largo del camino.
Al igual que con los anuncios de adicciones y esquizofrenia, todos llevan a un mismo lugar, preguntas clínicas, casas de rehabilitación, anexos y granjas; que operan sin apegarse al marco legal y sin la supervisión de las autoridades sanitarias.
En otras ocasiones lo he mencionado, pero dentro de estos espacios de cometen graves violaciones a derechos humanos como tortura, violencia sexual, privación ilegal de la libertad y es ilegal porque, ahí están internando a personas adultas sin su voluntad.
Aunque resulta fácil pensar que las personas que terminan internado a otras en estos espacios son malas y solo buscan infringir daño, la realidad es que ese pensamiento no nos permite observar que hay una necesidad social de un sistema de cuidados que permitan a las personas tener las herramientas y espacios para recibir el acompañamiento que necesitan de acuerdo a sus necesidades y el Estado sigue con esa deuda pendiente que está teniendo efectos irreversibles en las personas que hoy recurren a estos espacios ilegales, que se están enriqueciendo a costa del dolor, la ignorancia de las personas y el olvido del Estado.
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